lunes, 8 de junio de 1998

LA PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE JEAN-PAUL MARAT REPRESENTADO POR EL GRUPO TEATRAL DEL HOSPICIO DE CHARENTON BAJO LA DIRECCIÓN DEL MARQUES DE SADE 1998






LA PERSECUCIÓN Y ASESINATO DE JEAN-PAUL MARAT REPRESENTADO POR EL GRUPO TEATRAL DEL HOSPICIO DE CHARENTON BAJO LA DIRECCIÓN DEL MARQUES DE SADE. (Die Verfolgung und Ermordung Jean-Paul Marats dargestellt durch die Schauspielgruppe des Hospizes zu Charenton unter Anleitung des Herrn de Sade). Autor: Peter Weiss. Traducción: Dagmar Glade de Harting. Adaptación en verso: Raúl Rivera. Presentación de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), en su sede de la Aduana. Elenco: Mariano González, Gustavo Rojas, Ivonne Brenes, Ana Istarú, Juan Carlos Calderón, Lenín Vargas, César Meléndez, Dionisio Leal, María Alexandra Macaya, María Chaves, Gladys Catania, Moy Arburola, Alexandra de Simone, Euclides Hernández, Marta Matamoros, José Luis Solano, Max Soto, Mario Vargas, Isabel Montero, Arabella Salaverry, Marco Martín, Grettel Cedeño, Randall Azofeifa, Minor Quesada. Coreografía: Carlos Ovares. Vestuario y utilería: Rolando Trejos. Luces: Jody Steiger. Escenografía: David Vargas. Asistente de dirección: Claudia Barrionuevo. Música original y dirección musical: Carlos Escalante. Dirección escénica: Jaime Hernández

Andrés Sáenz


Guillotina ideológica

La pieza del novelista, pintor y dramaturgo judío-alemán, Peter Weiss (1916-1982), cuyo luengo título usualmente se abrevia a Marat/Sade, marcó un hito en el teatro europeo de los años sesentas.

A partir de su primera presentación en el berlinés Schillertheater, en 1964, y, poco después, la legendaria puesta en escena de Peter Brook, con la londinense Royal Shakespeare Company, Marat/Sade se convirtió en la obra contemporánea más representada en Europa, tanto en los escenarios de los países capitalistas como en los de los socialistas. Por ejemplo, en 1965 no menos de 17 teatros de habla alemana la mantenían en cartelera.

Posteriormente pasó al olvido. Sin embargo, en el último decenio, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín, los planteamientos antagónicos encarnados por los protagonistas han adquirido una renovada vigencia, la pieza ha recobrado el interés de grupos teatrales y público, y regresado con éxito a las tablas en distintos países.

Figuras y hechos verídicos fundamentan la oposición intelectual de los antagonistas imaginarios: por un lado, el plebeyo pensador y científico, Jean-Paul Marat (1743-1793), en la obra vocero del radicalismo revolucionario y de la primacía de la sociedad sobre el individuo, fue históricamente uno de los ideólogos principales de la Revolución Francesa; por otro, el aristocrático novelista, Alphonse François de Sade (1740-1814) -de cuyos escritos sicalípticos deriva el vocablo sadismo-, en ella portavoz del individualismo a ultranza y de la libertad absoluta, en efecto estuvo internado en el asilo de locos de Charenton, de 1794 hasta su muerte. Ahí realmente llevó a cabo representaciones teatrales con los reclusos, en su mayoría enajenados, pero, otros, prisioneros políticos.

La acción de la pieza -la representación del asesinato de Marat (Gustavo Rojas) a manos de la joven Charlotte Corday (Ana Istarú)- se desarrolla en los baños del hospicio (un impresionante diseño escenográfico de David Vargas), ante el director del establecimiento (Marco Martín) y espectadores -el público presente- supuestamente congregados para presenciar las benéficas consecuencias terapéuticas obtenidas por de Sade (Mariano González) mediante las representaciones.
Una pregonera (Gladys Catania) anima, ata cabos y establece contextos, mientras que un cuarteto de juglares (César Meléndez, Dionisio Leal, María Alexandra Macaya, María Chaves) comenta y ameniza la trama con volteretas, cantos y bailes.

Empero, conforme la acción avanza, el comportamiento de los reclusos se vuelve más anárquico y errático, hasta que, al final, se desata el pandemonio.

El recurso del teatro dentro del teatro y la metáfora del mundo como manicomio -tema recurrente en la literatura universal- le sirven al autor para asentar provocativos paralelos políticos y sociales entre planos temporales distantes, mientras cuestiona la separación entre cordura y locura, pone en tela de juicio los idearios revolucionarios y, a la vez, impugna a los defensores del statu quo.

En ese sentido, la obra opera como una especie de guillotina intelectual que no deja a títere ideológico con cabeza.

La puesta en escena de Jaime Hernández con la Compañía Nacional de Teatro (CNT) -un derroche de colorido, plasticidad y entrega histriónica- me ha reconfirmado su talento artístico como director. Me reconforta que la CNT permanezca bajo su guía, porque, en la historia del teatro, todas las grandes compañías siempre han sido fruto de la visión de un creador, hombre o mujer, que con el tiempo ha imprimido su sello a la empresa artística. Los directores de turno son la muerte del teatro.

El elenco, tanto los veteranos como los más jóvenes, ha respondido a los retos de la obra y los superó con creces. La conducta de los enfermos me pareció muy verosímil y convincente. Sin embargo, en la interpretación de Rojas no me quedó claro que Marat era representado por un demente. Por igual, de parte de González hubiera preferido un tono más irónico y distanciado para la personificación de Sade. No obstante, el desempeño de ambos alcanzó un alto nivel de profesionalismo.

Junto con ellos, destacaron Istarú y Catania, en los papeles mencionados, y Juan Carlos Calderón como el sexópata que representa al guardián de Charlotte Corday.
El vestuario de Rolando Trejos, la iluminación de Jody Steiger, la coreografía de Carlos Ovares y la música original de Carlos Escalante complementaron el espectáculo de manera idónea.

Resumiendo, el Marat/Sade de la CNT me ha parecido un montaje memorable y sin duda también marcará un hito en la evolución del teatro en el país.